sábado, 9 de mayo de 2009

H O M E N A J E A L A S M A D R E S


D U L Z U R A

Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.
Es tuyo mi cuerpo
que hiciste cual ramo
deja removerlo
sobre tu regazo.
Juega tú a ser hoja
y yo a ser rocío:
sobre tus dos brazos
tenme suspendido.
Madrecita mía,
todito mi mundo
déjame decirte
los cariños sumos.

Gabriela Mistral, poetisa chilena.




M A D R E

¡Oh templo augusto del amor!, tu nombre
es emblema de paz y de consuelo.
Eres luz en la tierra y en el cielo,
vida y calor y aliento para el hombre.

Árbol eres munífico y fecundo
que sólo vive para dar la vida;
hasta del mismo Dios fuiste escogida
para encarnar al Redentor del mundo.

Sin ti la Creación no comprendiera
por qué eres alma, corazón y esencia,
fuerza y virtud. La humanidad entera

debe llevar muy honda en la conciencia
que sin tu amor, oh madre, no pudiera
con el peso fatal de la existencia.

Marco A. Ferrer. Poeta colombiano.


M a m á

Estaba oscuro…
Sólo el rayo de la luz de tus ojos.
Me enseñaste a respirar
y tus entrañas acariciaban mi frágil cuerpo.
Soñaba con colores
y te imaginaba hermosa,
fueron nueve meses en un mundo rosa.
Crecí poco a poco con tu calor
me alimentaban con tus caricias
y frases de amor.
El momento llegaba
iba a conocerte,
estaba muy protegida
con miedo de perderte…
Se hizo la luz
una mañana de febrero,
mamá ahí estabas tú
tan maravillosa y tan dulce
como te había imaginado.
Aprendí con el correr del tiempo
y en mis andanzas peligrosas
de cada uno de tus consejos
valorados en cada acto
de mis diecinueve años,
y soñando cada vez
que me encuentro lejos,
con tus palabras
que envuelven mis vivencias
y acobardan los miedos
de mi juventud.

Luciana Carelli. Argentina.

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